martes, 24 de enero de 2012

Barraganería

Ya sé que no es políticamente correcto hablar de ello, mas la verdad debe ser conocida. Si se fija usted en los escritos comprobará que Yavé y Míriam nunca se casaron, o sea, Míriam no pasó de ser la barragana de Yavé aunque esté mal decirlo.

Calvos

Todos recordamos la multitud de calvos que pululan por la antigüedad. El más famoso, Cesar, objeto de sátiras y puyas centradas en su calvicie. Estatuas, grabados, todos representan en muchas ocasiones a ilustres o desconocidos ciudadanos con la cabeza más o menos desierta
De repente esto desaparece, la carencia capilar se transforma en un tabú y no se observa ninguna reproducción que la presente. Tendremos que esperar a la Ilustración para que los calvos entren de nuevo en la historia.
Ni la literatura ─¿cuántos calvos hay en la obra de Quevedo? Y eso que él estaba lirondo─ ni la pintura, ni la historia. Vemos la supuesta reproducción del rostro de Colón luciendo una respetable peluca puesto que había perdido todo su pelo en su juventud. Igual otros muchos personajes históricos que no citaremos por no ser necesario.
¿Cual fue pues la causa de esta censura? Vemos que comienza cuando el catolicismo alcanza el poder político y desaparece cuando los pueblos se sacuden el mismo.
¿Qué motivos impulsaban a tomar esa medida? Hoy podemos aclararlo. La calvicie estaba vista como una imperfección, nadie perfecto podía ser calvo, ¡y el Jesús evangélico lucía una calva total! Por eso, para tratar de olvidarlo, se censuró la alopecia en todas sus manifestaciones.
Y así, la misma iglesia que nos ocultó las fantásticas bailarinas gaditanas ─famosas en todo el orbe conocido─ y la versión original de Mogambo, también nos impidió gozar de la esplendorosa calvez de Isabel I de Castilla.

lunes, 23 de enero de 2012

De Yago

Está comprobado que Yago o Jacobo o Diego, como se desee, llegó a la península Ibérica ─aunque entonces no se llamaba así─ desembarcando en Tarraco. De allí se dirigió al interior donde fue interceptado y capturado por una tribu de íberos, que como acostumbraban, se lo comieron.


Así que lo del pedrusco o pilar y toda la demás parafernalia mística montada sobre su viaje es falsa incluyendo, ─claro está─ el cadáver en Galicia.

Longevidad

En el norte de Europa ─Suecia para ser concretos─ se encuentra un árbol que tiene cerca de diez mil años de antigüedad, siendo por lo tanto el ser vivo más antiguo que existe. Se cuenta que en él se inspiró Yavé para crear los suyos en el paraíso que construyó. Hay otros árboles también de seis y siete mil años en Norteamérica pero esos no los visitó Yavé puestoque ignoraba la existencia de ese continente

Dinastía

Diana Labuyé era el nombre de la mesonera belga con la que se entretuvo y refociló el general Grouchy aquella mañana de junio y por lo que llegó tarde ─de hecho, no llegó─ a la batalla provocando la definitiva derrota de Napoleón y el fin del imperio de los cien días.


Wellington, en agradecimiento por la ayuda prestada a la causa de la corona británica y su contribución a la victoria, la casó con uno de sus oficiales, el general Spencer.


Por lo tanto, se estableció en Gran Bretaña y allí, muchos años más tarde, una de sus descendientes que portaba su mismo nombre, también prestó grandes servicios a la corona.

lunes, 16 de enero de 2012

Atlántida

El hundimiento de la Atlántida en el fondo de los océanos provocó que el nivel de las aguas subiese de manera alarmante y que las costas fuesen afectadas por terribles maremotos.


A consecuencia de todo ello, en la costa este del Mediterráneo quedó destruido el mundo que en aquellos momentos estaba creando Yavé, el diosecillo local. Cuando pasó el desastre, intentó reconstruir de nuevo su mundo, pero los materiales estaban deteriorados por las aguas y como además él ya estaba un poco harto del asunto, le quedo un mundo un tanto desvencijado.

Estirpe real

Cuando los pérfidos árabes invadieron la nuestra España, colaboró en gran manera, llamándoles primero, facilitando su viaje después y ayudándoles a conseguir la victoria el obispo de Córdoba, Toqueman


Este estaba furioso al conocer que en la corte de Rodrigo imperaba el arrianismo, que el propio rey pertenecía a esta secta nefasta y que incluso su capellán personal, un malvado sacerdote llamado Devinci, no solo sostenía que Jesús era hombre sino que afirmaba que casado con María de Magdala había tenido descendencia.

Boxeo

Curiosa, la gente se preguntó durante años de dónde le venía a Cassius Clay ─cuyo verdero nombre era Mohamad Ali─ el peculiar estilo de boxear que practicaba. Parecía un bailarín.


Ignoran la gran mayoría que en su juventud, bajo su verdadero nombre, Isadora Duncan, encandiló a Europa practicando danzas javanesas.

sábado, 14 de enero de 2012

Reyerta

Castro «El Sapo» escondió de inmediato el botín bajo sus ropas e inició una cautelosa retirada. El orondo caballero que había sido su víctima inconsciente del suceso, permanecía impasible y ajeno. Pero la solapada actitud de Castro levantó su curiosidad primero y luego sus sospechas. Empezó a palparse la ropa hasta que descubrió la no presencia de su faltriquera.


Fue entonces cuando girándose emprendió un trotecillo asmático mientras vociferaba: «¡Al ladrón, al ladrón!»


Antes del segundo «ladrón», Castro abandonó toda cautela y cambió su andar por la carrera necesaria en estas ocasiones. La gente se apartaba a su paso ─tradicional costumbre española de no colaboración con la justicia─ y dada la sustancial ventaja en años y peso de que gozaba, pronto la distancia se acrecentó como para pensar en la impunidad.


Una última mirada atrás, hacia su víctima, al emprender el giro de la esquina fue su primera equivocación. Chocó con un voluminoso soldado que se acercaba en dirección contraria, acometida que llevó a ambos al suelo. Castro se levantó presto a continuar su huida, pero el soldado, no menos presto le imitó pero con la intención puesta de inmediato en práctica, de sujetar al agresor por un hombro y con la otra mano iniciar una sinfonía de tortas exponentes de su furor.


Castro no respondía a la agresión. Su único deseo era huir e intentaba desasirse de la pinza que le sujetaba el hombro.


Casi estaba satisfecho el soldado con el repaso ejecutado, cuando oyó los gritos del caballero sustraído que se acercaba trabajosamente. No lo pensó. Atrapó a Castro con la otra mano por el otro hombro dispuesto a entregarlo al reclamante sujeto. Este fue su error.


Con las manos libres y advirtiendo el peligro que se aproximaba, Castro tampoco lo pensó, sacó la navaja y la hundió en la tripa del soldado justiciero. Libre, pudo reemprender la huida. Giró y enfiló la plaza en dirección que le alejase de su perseguidor.


En otra acera, tres soldados contemplaban divertidos la escena, pero al advertir el navajazo y la caída de su compañero variaron de actitud corriendo veloces en busca del agresor. Esta vez los perseguidores no eran ancianos ni obesos y la ventaja de Castro pronto se redujo y la furia de los soldados se cernía sobre él.


Pero la plaza estaba plagada de «trabajadores de la bolsa» que con evidente espíritu corporativo se sintieron llamados en auxilio del perseguido. Así que se cruzaron ante los soldados entorpeciendo su paso. Hubo empujones que fueron devueltos, alguna patada, muchos insultos y al fin, puñetazos de uno y otro bando. Al observar la gresca, otros bolsistas se apresuraron a sumarse a la misma, lo que por su parte hicieron más soldados ociosos que pululaban por la plaza. Pronto surgieron las navajas y los sables.


Paco «El Sapo» al ver, conmovido, la solidaridad de sus compañero, detuvo su carrera y volvió junto a ellos para participar en la jarana.


Minutos más tarde la Puerta del Sol englobaba una gran contienda. Era el dos de mayo de mil ochocientos ocho.

sábado, 1 de octubre de 2011

Lepantina

Es de sobra conocido que durante la famosa batalla un ídolo que portaban las naves castellanas se apartó para esquivar una bala que se le acercaba. Actualmente ese ídolo tuerto es conocido como el Cristo de Lepanto.
No es tan conocida la posterior historia de la bala. Esta, al no encontrar carnaza, siguió su trayectoria y alcanzó a uno de los combatientes que se había guarnecido detrás del ídolo.
A consecuencia de la herida tuvo que abandonar su profesión militar y dedicarse a tareas más apropiadas para un lisiado. Actualmente ese soldado tullido es conocido como el Manco de Lepanto.